domingo 27 de julio de 2008

Lo que más limita al hombre son sus puntos de vista

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Lo que más limita al hombre son sus puntos de vista
por Juan Carlos Córica, 22/04/08, jccorica@fibertel.com.ar

Mientras la mayoría se ha cegado con la mirada fija sobre los dos actores del conflicto, esta nota advierte un punto de vista no considerado como clave tanto en las consecuencias socioculturales como en las políticas.

Como en todo hecho sociopolítico, se da un proceso de sucesión de causas-efectos y concausas, que no se afectan de forma lineal sino retroalimentándose unas a las otras (proceso complejo). Sin embargo se puede advertir que existen causas disparadoras, que son las que desencadenan lo que luego sucede.

Como bien repetía Perón, “sorpresa” tiene que articularse con “oportunidad”. La medida del 11 de marzo fue tan sorpresiva como in-oportuna. La paz en el frente agrícola existente hasta el momento del “aumento” en nueve puntos de las retenciones móviles, permitía procesar políticamente la cuestión inflacionaria –cuya escalada tiene por fecha el 2005, con el llamativo argumento del mayor costo del aluminio en los embalajes-, dentro de una discusión racional en que los desmanejos del sector empresarial quedaban en evidencia. Evidencia que por otra parte estaba enturbiada por las múltiples omisiones de los analistas mediáticos, que lo máximo que atinaban a decir es que era el mercado (bueno es recordar que no fue el mayor costo de los alimentos lo que se adujo al principio).

La determinación in-oportuna le costó a la población una inflación adicional de otro 20 % en los precios que quiebra la peleada tendencia descendente, y no sólo impacta sobre la canasta familiar sino en otros productos que se aprovecharon de la suba adicional generalizada (con lo que el dólar pasa de 3 a 1, a un 3 a 3).

Responsabilidad del gobierno

Una vieja la recomendación política aconseja no abrir muchos frentes de conflictos sino elegir objetivos prioritarios y poner en ellos la capacidad de alcanzarlos con el menor desgaste.
Queriendo pensar bien, la presidenta se equivocó en varias cuestiones. Una, la de no tomar en cuenta la enseñanza que desde la perspectiva histórica recomienda tener presente las subyacentes limitaciones estructurales que sufren las naciones “dependientes”. Cuestión que significa tomar mayores márgenes al evaluar la relación costo-beneficio de una determinación política, ya que el adversario no es sólo el sector afectado sino que en tales escenarios operan factores de poder internos y externos siempre atentos a poner su cuota de presión disolvente. Otra, no haber contado con una más completa información y acertada evaluación de la influencia adicional a la medida que tenía la crisis de estadounidense por la fallida especulación hipotecaria. Tal factor era una señal roja como para no mover el avispero, máxime cuando por las condiciones de desenganche relativo de la Argentina, ésta se encontraba en una particular oportunidad de posicionarse mejor. Sobre esto, que duda cabe, el gobierno equivocó el chicotazo.
Pero hay algo más, ahora, cuando la realidad le golpea la cara, el gobierno muestra dos síntomas que agravan su posición tanto frente a la sociedad como ante su rol de gobierno nacional. Muestra una intransigencia que denota debilidad y muestra falta de cintura para salir del hormiguero que denota limitada capacidad de gobierno.
Hechos, ambos, que se hacen más patentes cuando opta por la confrontación dura al estilo del juego del gallito, perjudicando al pueblo y a la nación inconvenientemente.

Historiando la instancia

Interferir, lineal y groseramente, sobre un escenario crispado pero estable por efecto de la inflación que se estaba conteniendo dentro de valores “estables” con un creciente consenso a favor del gobierno en cuanto a la inconveniencia que ésta provocaba a toda la sociedad, incluidos los empresarios, daba espacio para políticas de estado ante la falaz ley del mercado, hace de la política de retenciones móviles una muestra de torpeza increíble para un gobierno que, ahora, se quiere hacer llamar “peronista”.
Desde ya que ante el hecho estructural que implica tener un valor diferencial entre la moneda internacional de comercio y el peso argentino de una producción que en un 15 % se consume dentro de la canasta alimentaria de los argentinos, la respuesta no pueden ser políticas puntuales, inorgánicas en términos de políticas sectoriales. Mucho más si existen antecedentes como el IAPI que fue clave de la regulación orgánica del comercio exterior. Esta institución no sólo exigía sino que consideraba la problemática del campo a partir de una doble acción a favor de éste con el “precio sostén” para los tiempos de vacas flacas y retenciones para los de gordas.
En los actuales tiempos no hace falta un secretario de comercio “ladrador” sino poner en funciones instrumentos de gestión con sentido político aplicados al control de la inflación que permitan blanquear el costo de producción. Pero, en el contexto del retorno de las leyes de mercado, no sólo aplicado al campo sino a las demás industrias y servicios “de la ciudad”.
Otro factor que no debe dejarse de considerar en la evolución de lo que se ha producido, es el error de no considerar el cuantum de ciertas medidas de gobierno. En este caso, el haber agregado un 9% adicional convirtió lo que hasta entonces era aceptado (a regaña dientes), en una normativa que desbordó y, como si se hubiera tirado nafta al fuego, produjo una reacción que durante tres semanas tuvo a la población en vilo, generando un antes y un después en la situación política. Hecho que viene produciendo un costo material e inmaterial que va desde la paralización del proceso productivo del campo al debilitamiento político del gobierno, desde el desgaste de la autoridad de la presidenta - y la degradación del sistema político- al debilitamiento en el mercado de los precios que se pagan por los productos argentinos.
Por otra parte, la torpeza mayor de la decisión del 11 de marzo, cuando el piso-techo del 35% como nivel de las retenciones, fue no darse cuenta que en términos prácticos a los efectos de la mayor recaudación, la norma preexistente resultaba “móvil” ya que el monto a recibir crecía junto con el previsible crecimiento de los precios ante el desmoronamiento del dólar.
En definitiva, la miopía o la mirada corta de quien haya decidido la aplicación de “retenciones móviles”, terminó poniendo a la población argentina en un brete que ni era necesario ni le correspondía sufrir.

Los convidados de piedra: el Pueblo y la Nación

¿Convidados de piedra? Cierto, qué, sino significa lleva a la sociedad a encontrarse (y contrariarse) ante una convocatoria de movilización grotesca que llama a defender la autoridad constitucional de un golpe en proceso. Qué, sino significa, intentar instalar en la intersubjetividad colectiva la transmisión de mensajes que reflotan viejos enfrentamientos; mensajes que, además, llamativamente, apuntan a una oligarquía desaparecida como tal del sector que se denuncia, mientras no se denuncia a la nueva oligarquía mercantilista que está formada por grupos monopólicos de inversión-siembra y acopio-exportación.
Como se ha dicho, está demás señalar que el desgaste sufrido por la presidenta y su equipo de gobierno, significó pérdida de credibilidad a pocos meses del cambio parcial por la sucesión presidencial (ver información de encuestas realizadas y publicadas en los distintos diarios entre el 4 y 6 de abril, con resultados que muestran la caída en dos rubros como la popularidad y la credibilidad en la presidenta). Altísimo costo “por nada” o mucho menos que nada que contrasta con el costo en efectos sobre la población y el sistema productivo.
Efectos materiales e inmateriales. Efectos distorsivos que intoxican el buen sentido de la población. Innecesariamente envuelta en una refriega a la que, encima, la invitan como comparsa y masa de maniobra. A la que, la saturan con mensajes destemplados con intención manipuladora. Un discurso manipulador que apela a los exabruptos y posicionamientos sobreactuados, cuyo único efecto resultante no puede ser otro que el dejar confundida y inquieta a la gente y, al frente interno inducido a la fragmentación de forma que facilita lo que buscan los enemigos de la Argentina.
En este escenario en que los gobiernos son acorralados por los verdaderos dueños del poder que operan especialmente a dos puntas, desde la amenaza en los salones y desde la manipulación a través de la corporación mediática, ¡cuándo se va a entender que la mentira no se caracteriza por “dejar algo” sino por “no dejar nada”! En realidad deja un territorio social herido por la desconfianza mutua que provoca sinergia negativa (atomización).
Cómo la vieja fábula del Pastor mentiroso, las falsas alarmas, vacían y desarticulan ese vínculo esencial de la sociedad humana de saber cuándo movilizarse para defender valores en riesgo. Vínculo de comunicación que sostiene al conjunto y se llama confianza social. Confianza mutua que cohesiona, frente a las falsificaciones que desestructuran y fragmentan. Decía Perón en sus históricos artículos del diario Democracia que “el hombre actúa tan bien como bien esté informado” y decía también “con la mentira se puede llegar lejos, el problema es retornar”.
La fallida escaramuza política deja un escenario sobrecargado de estentóreos ruidos con cero contenido positivo en la comunicación social. Escenario que necesariamente, confunde e incrementa climas del tipo “no se de que se trata pero estoy en contra” o de indiferencia política, de distanciamiento entre dirigencia y pueblo.
Un escenario tan degradado en donde se critica a la corporación mediática por su accionar sistemático en la tergiversación de los procesos que se vienen dando en la realidad, pero se lo hace jugando con las mismas cartas que se cuestiona. Una suma de desaciertos inesperados en un gobierno que se dice peronista y cuyo accionar no pueden producir otra cosa que crisis y debilidad. Crisis y debilidad siempre inconveniente pero mucho más cuando se la provoca innecesariamente a partir de una errónea decisión y en un momento donde la estabilidad, aún con alfileres, era un valor clave a preservar después de la lamentable experiencia de diciembre de 2001.-