jueves 22 de julio de 2010

¿Dónde estabas cuando te pasaron por encima? ¿Ceguera, torpeza, miopía o cobardía cipaya?

¿Dónde estabas cuando te pasaron por encima? ¿Ceguera, torpeza, miopía o cobardía cipaya?

           por Juan Carlos Córica, 22/07/10, jccorica@fibertel.com.ar 

Facilitarle a una Dictadura Civilizada la política de hechos consumados, es la forma perfecta de vaciar el poder constitucional y entregarlo al poder lo parainstitucional. Dictadura Civilizada: Globalización del Modelo Libertario, Ingeniería Social y Vaciamiento Dirigencial. Grotesco gobierno de minorías antinacionales y anti populares. O, clase dirigente que no se dio por enterada del proceso contracultural que era el eje político del neoliberalismo mercantil libertario. ¿Fueron amenazados, les dieron buena plata a cambio de mirar para otro lado o, en general, la clase dirigente pecó de negligentes y pusilánimes?

Política Parainstitucional de Hechos Consumados 1985-2010

Tres años después del autogolpe que el gobierno produjo (26/04/85), en un acelerado trámite en agosto de 1988 se aprobó una ley que sorprendió por no estar dentro de las demandas sociales. Ley 23.592  de agosto de 1988, de Penalización de actos discriminatorios, cuyo fin, existiendo la figura de la injuria, muestra la intencionalidad y los receptores, beneficiarios con nombre y apellido –que esta ley mordaza vía la “policía del pensamiento”, el INADI, prohíbe nombrarlos so pena de sanción penal--. Esta Ley se sumó al quiebre y autogolpe del gobierno radical producido en abril de 1985 donde el sistema democrático mostró que no tenía agallas para resistir los mandamientos del nuevo orden mundial –neoliberal, conservador y libertario a la vez-. Tal secuencia que no fue registrada ni por los analistas reputados ni por la corporación mediática, con el devenir del proceso político que desemboca ahora con otra ley de semejante naturaleza muestra su patrón común: reconfiguración de la democracia en democracia de minorías junto con un proceso de desestructuración de los partidos políticos. Proceso que Zygmunt Bauman llama de “privatización de la política” (1). Proceso que además de hecho convirtió al sistema político en uno sólo electoral de sucesiones periódicas.

Señal efectiva que inicio un tiempo de pérdida de autonomía, un hito que marcó el lanzamiento de hecho de un proceso de reconversión cuya razón era legalizar los ajustes que el modelo de mercado imponía, y que se realizó junto con un proceso contracultural cuidadosamente invisibilizado. El período iniciado en ese tramo de tres años (1985-1988) se fue asemejando a lo que en el libro “1984” Orwells pintó en el texto. No apareció un “gran hermano” sino que en su lugar, solapadamente, con igual objetivo operó una convergencia de factores de poder, superestructural, que bien se puede calificar de “gran hermandad”. Superestructura que fue imponiendo un encuadramiento de hecho cuyo resultado reforzó la vinculación con la idea del libro. Lo que en el texto se presentaba como una dictadura que controlaba en base a una nomenclatura que significaba un bien pensar que en el libro se nombra como “doble pensar”, pensar que era vigilado por el “ministerio de la verdad” lo que configuraba la existencia de una “policía del pensamiento”. Control y vigilancia en el caso actual fue aplicada a través de la sutil precalificación contenida en el “pensamiento correcto” y “pensamiento único”. Dos controles que se materializaban a través de las descalificaciones que sufría quien se atreviera a transgredir. Una descalificación social que en casos como la ley mencionada y otras llegaban a constituirse en transgresiones punibles.

Así, mientras el discurso “correcto” instalaba el imaginario de que se vivía en el mundo de la “libertad”, una creciente cantidad de personas soportaban el cautiverio de verse impedidos de pensar libremente. De ejercitar la libre expresión (2). Instalación de un proceso que implica efectos latentes, resultantes de la implantación que responde a una táctica semejante a la del histórico regalo griego de Troya, donde los juegos de apariencias esconden lo que se trae entre manos. Un regalo con una diversidad de agentes difusores que operan como los pícaros de la fábula del Rey Desnudo.

Todo esto, real y ocurrido, aunque invisibilizado, tuvo otros epifenómenos buscados. Los temas dominantes en la agenda pública que sometía a la población argentina al acoso de la culpa social, en simultáneo, entregaban-imprimían en el subconsciente colectivo dos visiones-cuestiones: la de sentirse culpable y, a la vez creer que estaba a las puertas de la libertad liberadora. Escenario perversamente configurado, propio de la técnica a cargo de la ingeniería social, que generó las mismas condiciones que hicieron caer en la trampa a “la rana hervida” (3).

Elitización y Alineamiento de las elites

Este proceso descripto metafóricamente pero que representa lo real, pone en evidencia el vaciamiento y la ausencia de los actores protagónicos en los procesos socio-políticos, los cuáles deberían haber sido los defensores de la rana-pueblo: líderes y la clase dirigente. Concluida la etapa del proceso militar, la dolorosa experiencia de Malvinas y las conductas políticas del mundo civilizado en las acciones del bloque anglosajón, EEUU, Gran Bretaña y el aliado histórico el establishment chileno, la miopía de los dirigentes argentinos abortó la continuidad de la Multipartidaria como fuerza con masa crítica para liderar desde un Consejo para el Proyecto Nacional el gobierno de la etapa que se iniciaba. En su lugar reapareció la máscara de la democracia, el democratismo y, necesariamente como consecuencia de la anemia política en apenas 17 meses después el gobierno constitucional recibió la primera oleada de acoso-presión del poder real y claudicó el 26 de abril de 1985 a través del autogolpe que se corporizó visualmente con el lanzamiento de “la economía de guerra” –eufemismo de la restauración de la economía de mercado--. Señal de claudicación que se trasladó al otro eje dominante del modelo, 1988 y la ley 23.592  de penalización de actos discriminatorios. Dos actos inaugurales de la instauración de la democracia de minorías o el gobierno de los lobbys incluido la subalterna sumisión al nuevo orden y su dictadura civilizada. Instalación del régimen mercantilista y el lesseferista, dos pragmáticos factores que dictarían de facto las reglas de juego y la lógica a la que los argentinos debían subsumirse.

Ahora, un poco más de dos décadas después el proceso antidemocrático y contracultural se muestran rozagantes (rosaditos) con sus objetivos estratégicos sin trabas en su desarrollo. La economía real manteniendo la inequidad y rigiendo con sus mandamientos la vida cotidiana de la gente, todo es plata y todo es interés; mientras la cultura termina de ser violada legalizándose las conductas homosexuales como “normales”, con las consecuencias desestructurantes que derivaran de semejante alienación de sentido común de los argentinos (4). Un proceso que quebranta y viola la soberanía argentina en un plano tanto o más vital que el jurídico-político: el Derecho a la Identidad cultural y a su sistema de valores y cosmovisión (5). Sería importante advertirles aquellos que vienen trabajando en la descalificación del sistema de valores de la cultura argentina que cada cultura sólo puede ser evaluada desde sí misma, razón por lo cual no corresponde establecer relaciones de calificación ni jerarquía entre las distintas expresiones culturales. Las culturas pueden incorporar criterios científicos pero no dogmas o planteos sectoriales e ideológicos, como es el caso de los homosexuales.

Con al anuencia de las elites unificadas detrás de los mandamientos del nuevo orden neoliberal mercantilista, alineamiento que visibilizado en la presencia del mismo lado de los Kirchner y Clarín, los radicales, socialistas y conservadores más los socialdemócratas disfrazados de peronistas, ya no puede esconderse el estado de entrega cipaya y la presencia de una democracia de elites que usa al pueblo como masa de maniobras luego de enajenar la subjetividad colectiva con axiomas-zonceras y falaces lemas-simplificaciones. Un conjunto de operaciones propias de “1984” pero con la pícara vestidura de una dictadura civilizada. Una clase dirigente que junto con la privatización de la política como denuncia Bauman (6), adocenada que elige los estudios de televisión en lugar del trabajo territorial, con la obvia consecuencia, quedar cautivo del discurso único o lo políticamente correcto, en manos de los productores de contenido dependientes del poder parainstitucional.

Finalmente, en definitiva y sintetizando, el apresurado acelerado tramite de aprobación de la ley homosexual, resulta insalvablemente anticonstitucional. Primero y suficiente, porque en las elecciones previas donde los actuales legisladores fueron elegidos ningún partido político ni candidato en particular planteó en su plataforma electoral el objetivo político de modificar el Código Civil para legalizar el “matrimonio” entre homosexuales; por lo que resulta esencialmente anticonstitucional decidir según posiciones personales. Sobre todo si tales decisiones configuran cambios estructurales. Razón adicional que obligaba a una “democracia representativa” realizar una consulta popular o aplicar una votación con mayoría especial, o sea con los dos tercios de votos, y no, una mayoría ordinaria de la mitad más uno. De todo esto se trata una democracia representativa y, de nada de esto, se aplicó en el proceso de aprobación de una ley que habilita los matrimonios entre homosexuales.

Por otra parte, utilizar el argumento de que “los derechos no se plebiscitan”, como usaron algunos senadores, significa colocar a los integrantes de la sociedad dejan de ser ciudadanos, ya que así ni su necesidad ni su voluntad debe ser tomada en cuenta.-

NOTAS:

(1) Zygmunt Bauman, “En busca de la política” (1999), Fondo de Cultura Económica, año 2009, pp. 12-16.

(2) El hecho de la judialización de la libre expresión se potencia en el poder de autocensura que provoca el condicionamiento culposo que rodea a los términos judicializados. Por caso: “los argentinos son discriminadores”; “el argentino tiene una tendencia a cerrrase”.

(3) La fábula de “la rana hervida” resulta una metáfora  que muestra cómo un animalito que tiene en los charcos y espejos de agua su hábitat natural, la atrapan y la cocinan. La rana como se sabe, donde más libre se siente es en terrenos encharcados. Hecho que, sirve en la metáfora como ejemplo del riesgo que provoca la ingenuidad. La rana puesta en un fuentón lleno de agua fresca, se pone a nadar sin prestar atención a lo que ocurre alrededor. No se da cuenta que el mismo que la puso en una atractiva circunstancia lo hace con la pícara intención de colocarla en una posición sin retorno. El fuentón se encontraba colocado sobre una hornalla de cocina. Así, distraída, no advierte que el astuto sujeto ha encendido la hornalla. El proceso de calentamiento es gradual, con una gradualidad por la que cuando la rana siente el calor que la quema no tiene chancees de escapar. Similar al canto de sirenas, cuando el navegante advierte que se va sobre los arrecifes no puede frenarse y se destroza. Sin chance de escapar, la rana termina cocinada.

(4) Proceso contracultural, de alienación, por el que la idiosincrasia argentina y su sistema de valores además de haber sido descalificados y tratados de retrógrados, fueron sutilmente degradados y sustituidos por una batería de conceptos, teorías y criterios que corresponden al dogma liberal mezclado con el libertario. Mayores datos ver libro del autor de este artículo, “Identidad Cultural Argentina”, año 2006, editado por Colección Crónicas del Territorio.

(5) La cultura es una construcción social que se realiza a través de un proceso que se da en el seno de un pueblo. Pueblo que vive establecido en un territorio, en un dado tiempo histórico, a partir de un juego de interacciones motivadas por necesidades de orden particular y comunitaria, a las que se responde de una cierta manera. Forma de respuesta que expresa en su configuración la idiosincrasia de ese pueblo. Una forma de vivir y de pensar que se elabora y establece en períodos de “largos tiempos”, que se transmite de generación en generación y desemboca en la configuración de su identidad cultural que responde a su idiosincrasia particular. Una identidad que en el devenir se reconfigura dinámicamente, incorporando caracteres, perfeccionándose, reformulando o descartando lo que considera sin sentido, todo esto en el plano de lo aleatorio sin perder por eso lo sustancial de su personalidad. En definitiva los pueblos son el encuentro de su naturaleza humana con las “fuerzas socioculturales” dentro de la historia de cada pueblo y según ciertas características idiosincráticas propias de cada pueblo.

La compatibilidad y convergencia de la matriz cultural con la configuración del sistema social resulta otro factor central para que la comunidad desarrollo su vida dentro de niveles de estabilidad por efecto de la articulación compatible que atraviesa la complejidad de las necesidades y consensos, asegurando la unidad de acción. Por el contrario, el desacople entre el sistema cultural y el social es lo que tensiona, inestabiliza y dificulta alcanzar mas critica de consenso.

Por otra parte, la Identidad Cultural aplicada es la que le da el soporte inmaterial pero efectivo a la soberanía de los pueblos-nación.

(6) Zygmunt Bauman, “En busca de la política” (1999), Fondo de Cultura Económica, año 2009, pp. 9 a 47 y siguientes.